martes, 8 de diciembre de 2009

Tatuajes y Pandillas

EL PAYASO, UN TATUAJE CLAVE


La mayoría de los pandilleros se tatúan un payaso que se ríe de los otros, de los enemigos. No es el payaso típico. Su sonrisa debe ser diabólica y a menudo aparece fumando un puro de marihuana, mostrando de esa forma que se ríe de las drogas y que exhibe impúdicamente el placer que se deriva de su consumo. A veces, del cabello del payaso brotan llamas infernales. Son muy convenientes para realzar su carácter satánico, que en el imaginario pandilleril está asociado a ser llamativo e inspirar respeto. Los tatuajes deben inspirar respeto en el seno de un mundo violento. Pueden ser el equivalente de una mirada permanentemente intimidante, de un ceño fruncido que se fosiliza para inspirar temor. Éste es un elemento clave. La definición de pandillero, como contrapuesto a vago, es según el pandillero Wilson Arce, la del joven que se viste bien, se viste cholo, a veces de negro, su cara es seria, como un monstruo, da miedo.

La risa del payaso es su rasgo más imprescindible. ¿Es risa burlesca? ¿Es risa histérica? ¿Es risa coqueta? La risa puede ser una burla de los enemigos, como la que representa, según Norwin Peña, el tatuaje de un dragón con alas: Significa que me río porque me salgo con la mía y no me castigan. La risa puede ser la risona que sobreviene cuando se fuma un buen churro de marihuana, al que también está asociada la excitación sexual. La droga, el erotismo y lo diabólico estaban fuertemente vinculados en el imaginario medieval de la brujería y la inquisición. El payaso amalgama estos tres elementos.



LA RISA Y LAS LÁGRIMAS, LA VIDA Y LA MUERTE


La imagen del payaso se opone a las lágrimas, también un motivo consuetudinario de los tatuajes. Las lágrimas tatuadas se emplazan en sitios visibles del cuerpo. Generalmente en el rostro. El payaso se ubica en zonas que la ropa oculta. El payaso es motivo de graffitis, en las paredes y otros espacios públicos. Y se dibuja en el cuerpo o en la casa -de alguna manera, materialización del cuerpo familiar- siempre en grandes dimensiones.

Las lágrimas jamás se dibujan sobre objetos y, tatuadas en el rostro, no exceden de su tamaño natural. Remiten a lo real humano y su representación está constreñida por la experiencia inmediata y sus reglas, por las exigencias del sentido de realidad. Las lágrimas representan lo que Reguillo definió como la dimensión terrenal, elementos que rodean la cotidianidad de los actores y que son en alguna medida constatables. El payaso evoca lo fantástico, las aspiraciones, el salto de la imaginación -más catapultada aún por la droga- y el estado excepcional que es la fiesta. Su risa -la que muestra y la que está destinado a provocar- es provocadora. Es un desafío a la comunidad de los severos, ortodoxos y sujetos a las normativas más rígidas.

La risa era considerada ilícita por el venerable Jorge, recalcitrante monje de El nombre de la rosa, quien también despreciaba esos dragones, tigres y demás animales fantásticos que antes adornaban la arquitectura religiosa medieval y ahora reaparecen como imágenes inspiradoras de los tatuajes. Para el venerable Jorge, la risa sacude el cuerpo, deforma los rasgos de la cara, hace que el hombre parezca un mono. La risa es signo de estulticia. El que ríe no cree en aquello de lo que ríe, pero tampoco lo odia. La verdad y el bien no mueven a risa. Por eso Cristo no reía. La risa fomenta la duda. En definitiva, el venerable Jorge pensaba que la risa nos acaba arrastrando a una fiesta de locos. Y los locos, como los pandilleros, suelen desafiar el orden establecido.

Vladimir Propp estudió el sentido -o los sentidos- de la risa en la tradición popular de los cuentos folklóricos rusos, europeos y de otras culturas. En su análisis del cuento de la princesa Nemesyana -en ruso significa que no ríe-, Propp analiza los usos y desusos de la risa, su papel y el significado de su prohibición: Podemos observar que el vivo que penetra en el reino de los muertos debe ocultar que está vivo, en caso contrario provocará la ira de los moradores de este reino como un ser impío que ha atravesado el umbral de lo prohibido. Al reírse se delata como vivo.

Propp encontró que la risa prohibida ritualmente no sólo se da en los relatos, sino en la vida ritual, sobre todo en los ritos que representan el descenso a la región de la muerte y el retorno de ella: ritos de iniciación de los jóvenes cuando alcanzan la madurez sexual. La risa no sólo acompaña el ingreso a la vida, también lo provoca. La risa, prohibida en la región de la muerte, acompaña el paso de la muerte a la vida.

Entre las pandillas, el payaso que ríe refleja un anhelo por dar ese paso de la muerte a la vida. Por transformar las lágrimas en risa. El antropólogo Desmond Morris sostiene que la sonrisa y la risa son señales únicas y bastante especializadas; en cambio, el llanto lo compartimos con millares de especies. El llanto es más espontáneo y su manifestación es más precoz: Las manifestaciones rítmicas de llanto se manifiestan desde el momento de nacer. La sonrisa llega más tarde, aproximadamente a las cinco semanas. La risa no aparece hasta el tercer o cuarto mes. La risa y el llanto comparten el hecho de ser reacciones emocionales, contracciones musculares, acompañadas de apertura de la boca, respiración exagerada y, a veces, humedad en los ojos. Y aunque se dice lloró de tanto reír, el cronograma evolutivo sugiere que reímos de tanto llorar. El payaso que ríe evoca esa evolución, y por eso es un ideal para el pandillero que lo tatúa en su cuerpo.




DRAGONES, MONJES, CORONAS DE ESPINAS, BRAZALETES DE PÚAS


Los tatuajes expresan significado en la vida de los pandilleros del Reparto Schick, tal como ocurre entre los reclusos californianos. Ejercen la función simbólica del lenguaje, esa misma que, según el semiólogo francés Roland Barthes, permite a los hombres construir ideas, imágenes y obras, no bien sobrepasan los usos estrechamente racionales del lenguaje. Los tatuajes son fruto de la producción de sentido de sus portadores.

Aunque algunos sean colocados a capricho, muchos son marcas referidas a hitos en la vida del pandillero: la ruptura con una novia, asesinatos cometidos, la muerte de un amigo, el llanto que han arrancado a sus madres, la pertenencia a una pandilla, etc. Los pandilleros llevan su historia inscrita en la piel. Se han tornado cuerpos comunicantes. Los tatuajes cuentan y exhiben su biografía y muestran las contradicciones en las que se debaten, pues en un mismo cuerpo coexisten vírgenes y diablos, ángeles y demonios, lágrimas y payasos, amores y desaires expresados en corazones atravesados por puñales o espinas. Un tatuaje puede fundir sufrimiento y belleza.

Por eso es tan importante el papel del tatuador, que debe ser un intérprete, porque en esa domesticación del cuerpo a manos de la cultura el tatuaje está destinado a ser un mediador entre el mundo externo y el interno. Por eso Rossana Reguillo afirma: Pensamos pues que el tatuaje -logrado a través del diálogo entre el artista y el sujeto- exterioriza unas relaciones que ya existen interiormente en el sujeto. Podemos decir que el tatuador es un artista en permanente búsqueda: cazador de ideas proyectadas en los claroscuros laberintos de la piel, un viajero de los sueños que emergen por los poros, a cincelazos. Los tatuajes tienen múltiples sentidos. Reguillo habla de que la muerte, Cristo, el diablo en contraposición con la afectividad objetivada a través de la imagen de lágrimas, corazones, rostros de mujer, etc., hablan de un mundo de miedos y aspiraciones, de esperanzas y de dolores.

Entre los pandilleros del Reparto Shick destaca su preferencia por los signos o tatuajes tribales, como el que aparece en esta página y los dos primeros de la página siguiente. Según Hermógenes Pinzón, de La Pradera, los tribales son signo de que te sentís poseído por la droga, de que estás adentro de la droga. Posiblemente, ése no era su sentido original. Pero la droga, que ahora mucho empapa, ha devenido omnipresente en todas las explicaciones. El hecho de que un tatuaje entre dentro de la categoría de los tribales parece ser suficiente razón para que sea deseable y un pandillero lo exhiba.



Algunos semejan el boceto de un dragón, o bien figuras góticas, como las casi omnipresentes gárgolas o los monjes satánicos, tan frecuentes. Wilson Arce nos decía que el monje que lleva tatuado, atravesado por un puñal y con llamas en su interior, mantiene el rostro oculto en memoria del traje que él usaba, de color negro, con el cual se cubría la cara. Las llamas y el puñal simbolizan el infierno que amenaza a los pandilleros. A veces el monje aparece leyendo un libro entre llamas: Es por los planos que hacíamos nosotros para atacar los barrios de los traidos. El libro también puede ser sobre cosas maléficas. Y agrega: Nos gusta tatuarnos monjes porque ellos, como nosotros, sólo viven en lo oscuro, no duermen, se visten de negro, usan un gorro que les cubre la cara. Todo igualito que nosotros.

Muchas de estas figuras son empleadas como formato base de los graffiti en las paredes y muros, porque en su abigarrada urdimbre de trazos los pandilleros pueden intercalar sus nombres, los de su barrio o los de sus novias y amigos, en una especie de lenguaje cifrado que sólo los iniciados pueden interpretar. Cuanto más críptico es el mensaje, mayor es el orgullo de su autor.






Proclamar que los tatuajes se los hicieron en estado de ebriedad o bajo los efectos de la coca o la marihuana es una de las excusas más manidas. Fue también usada por Eminen, el tan intencional como lucrativamente controvertido rapero estadounidense -originario de un barrio marginal-, cuando se le preguntó por uno de sus primeros tatuajes: admitió que era un signo tribal, pero dijo que no recordaba su significado porque estaba borracho cuando se lo hizo.



La corona de espinas, en sus diversas modalidades, simboliza atadura, sometimiento a un estilo de vida que implica dolor y sufrimiento. Algunos aclaran que no se trata de la corona de espinas de Jesucristo. Probablemente ninguno sabe que los tatuajes, habituales durante el imperio romano, fueron prohibidos por el cristianismo. Pero no se les escapa que están reñidos con todas las denominaciones actuales de la cristiandad. Y aunque no son infrecuentes los motivos piadosos, abundan más los de carácter -estimado, por ellos, y a mucha honra- como “satánico”.



Los brazaletes son el símbolo más usado. En general, el tatuaje juega un papel de marca identitaria. Distingue a su portador de quienes no lo tienen. Pero opera por niveles de identidad: persona, pandilla barrial, grupo generacional marginado. Si determinados tatuajes tribales identifican a sus poseedores con una pandilla específica, los brazaletes, a veces salpicados por púas, parecen ser símbolos generacionales y de estrato social. El hecho de ser los más comunes los convierte en insignias de un grupo de edad y de un estilo de vida en los barrios populares. Mediante ellos, pasan de la búsqueda de una identidad grupal a la construcción de una identidad generacional de cierto grupo de marginados. Todos sus portadores coinciden en que los brazaletes representan la rebeldía por la que han optado.




ZONA

• Brazo u hombro. Interés por sentirse útil; no basta con quedarse mirando, sino mantenerse construyendo, realizando, creando.
• Cuello. Se quiere gritar la insatisfacción en la que se vive y, al mismo tiempo, dejar claros los ideales propios, pero se carece del coraje para hacerlo; se da mucha importancia a los valores morales, sin los cuales ninguna iniciativa parece digna de interés.
• Espalda. El portador tiene miedo de entrar en juego, de tomar posiciones concretas y huye de decisiones y responsabilidades; asimismo, se trata de alguien que rechaza exponerse.
• Mano. Autocontrol, dominio de las emociones; si es en la izquierda es anhelo de poder, en la derecha, ansía justicia.
• Muñeca. La persona es incapaz de actuar, y esta sensación de impotencia a la larga acaba por desmotivarle.
• Pompas. Le gusta transgredir, sentirse diferente y destacar entre los demás; no tiene miedo a exponerse y le gusta el juego, en el cual participa sin medir consecuencias.
• Pie. Deseo de estabilidad, necesidad de tener convicciones; se siente carente de raíces y necesita asumir valores concretos sobre los cuales cimentar su futuro.
• Pierna. Personalidad inquieta, en constante movimiento, con deseos de descubrir distintas formas de vivir y comunicar.
• Rodilla. Sabe de sus cualidades, pero se niega a aceptarlas; está reprimido y requiere motivaciones externas.
• Senos. Siempre da la cara con determinación y coraje a todo, sean situaciones fáciles o difíciles, y está conciente de su atractivo y lo utiliza sin falsos pudores.
• Tobillo. Se tienen deseos de libertad, de espacio, y se protesta en forma silenciosa contra la vida cotidiana que le aprisiona; su sueño es liberarse y escapar muy lejos.
• Vientre. Es una persona dulce y sensible, con profundo instinto maternal, sueña con una casa, hijos y matrimonio; sabe también como retener al hombre que ama. Pese a ello es insegura, oculta sus sentimientos y sus verdaderos deseos.


Ahora bien, además del sitio elegido hay que agregar para la interpretación adecuada el lado del cuerpo en que se encuentre, es decir, si se ubica en el costado izquierdo dejará ver que se trata de alguien introvertido, en quien predominan sueños, deseos y temores, y que sufre considerablemente si es desenmascarado; en tanto, si se dibuja en el lado derecho tiene las ideas más claras, seguridad en quien es y le gusta dejarlo claro.

FORMA

• Ancla. Instrumento de estabilidad, seguridad y tradición; quien lo porta busca un punto sobre el cual asentarse.
• Ángel. Necesidad de protección, de trascender y de entrar en contacto con el Universo.
• Caballo. Desenvuelto, veloz, dinámico, exitoso y simpático.
• Calavera. La victoria sobre la muerte, a la que desafía y enfrenta con seguridad y paciencia.
• Corazón. Persona comprometida y pasional, con interés concreto en dar y recibir amor.
• Delfín. Devoción, libertad y amistad, disponibilidad de ayuda y apoyo.
• Dragón. De carácter recio y cambios radicales de temperamento.
• Estrella. Aceptación del destino; necesidad de puntos de referencia o de guía.
• Gato. Sensualidad, instinto y suavidad encuadrados en libertad y orgullo por la propia personalidad.
• Golondrina. Espíritu viajero, con intenso deseo de libertad y espacios abiertos, aunque también muy familiar.
• Luna. Discreción, intuición y feminidad.
• Mariposa. Personalidad atractiva que busca el placer de vivir la vida.
• Nudo. Alianza, pacto, vínculo y, sobre todo, compromiso.
• Pájaro. Deseo de libertad y evasión; capacidad de percibir y valorar la realidad desde las alturas.
• Puñal. Fuerte símbolo sexual que sugiere intenso deseo, apuntando al sadomasoquismo; el portador ha sufrido una herida que probablemente no ha cerrado.
• Rosa. Símbolo del amor y plena manifestación de uno mismo; transmite deseo romántico, erotismo y plenitud.
• Serpiente. Eternidad, estructura cíclica capaz de renovarse; potente emblema de protección y erotismo.
• Símbolos étnicos. Búsqueda de las raíces, de la necesidad de pertenecer a un grupo; líneas curvas expresan búsqueda de la feminidad, mientras que las rectas deseo de acción.
• Sirena. Mitad mujer mitad pez; se traduce en seducción y encanto, pero también en ayuda a los demás y entrega por amor.
• Sol. Símbolo de luz, color, progreso y amor por la verdad a través de claridad de ideas.


COLORES

• Amarillo. Persona de ideas claras que no le gustan los puntos oscuros, como las mentiras.
• Azul. Espiritualidad e intuición, de personalidad sensible y delicada que tiende a la baja autoestima; espera ayuda, protección y buenos consejos.
• Negro. Necesita reafirmarse y resaltar con fuerza su personalidad.
• Rojo. Expresa intensamente sus emociones, llegando a la agresividad; muy energético, capaz de superar cualquier obstáculo.
• Verde. Discreción, ternura, sensibilidad y talento, así como buenos sentimientos, pero no hacia todo el mundo.


CANTIDAD

• Uno. Hay gusto por transgredir, pero se tiene bien identificado el límite, sobre todo el propio, y no permite que alguien pase por encima de él.
• Dos. Personalidad de carácter indeciso, que suele tener dos opiniones para una apreciación.
• Tres o más. Etapa de rebelión en su vida; en el fondo no acepta la propia personalidad, que en muchas ocasiones es temerosa, susceptible a cometer errores.
• Muchísimos. El mundo está en contra del portador, quien se siente que no encaja en ningún sitio y no es capaz de mostrar sus verdaderos deseos; está inconforme con su propio cuerpo, siente envidia de otros y vive en constante confusión.


TAMAÑO

• Grande. Gusto por las emociones intensas, sin pensar demasiado las consecuencias; se defienden exageradamente las ideas propias y se puede ir de la felicidad excesiva a la depresión profunda.
• Mediano. Persona equilibrada para la que no hay temor al exteriorizar lo que hay en el propio corazón; detesta a las personas falsas y tiene apertura al diálogo, al intercambio de ideas.
• Pequeño. Hay un deseo de expresión que se mantiene reprimido por temor a la opinión de los demás. Es insegura, sensible y para decir lo que piensa requiere mucho tiempo. 




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